Los más perjudicados, y la vez los responsables, somos todos. Los que se llevan los productos, los que no denunciamos, y los que colaboramos, de alguno u otra forma con ese rentable e ilícito negocio. Que ya no solo es negocio exclusivo de la frontera. Se ha trasladado a otros estados, incluyendo al centro y la capital del país.
Generando, como es sabido por todo el Mundo, grandes cantidades de efectivo. Además, de una impresionante red de amigos, compinches, contactos, tajadas, pagos, clientes, y un largo etcétera de concepto que nos convierten, cada día más, en un país subdesarrollado.
Todo esto ante la mirada complaciente de las autoridades. Las cuales participan en el negocio como inversores, actores y grandes jerarcas de esta pirámide de Contrabando marca establecida. Somos contrabandistas... De alguna u otra forma. Porque también hay que incluir a los que compran esos productos internamente y los que acaparan y venden con sobreprecio. Para meterlos a todos presos hay que construir 18 cárceles nuevas: o más...