miércoles, 7 de abril de 2010

Living Maicao

Las últimas vacaciones, de semana santa 2010, las pasamos en Maicao; una vitrina comercial y socio cultural colombiana para el Mundo. Un lugar con muchísimas matices; cada una muy interesante en sí misma. Encontramos costeños, wayuu, cachacos, árabes, turcos, sirios, libaneses y venezolanos así como abundantes almacenes, colmenas, restaurantes, bares y pequeños hoteles.

Estuvimos en un sector humilde llamado Monte Bello: donde la lucha por la supervivencia, el ingenio por conseguir las cosas y la profunda fe arraigada en la religión cristiana evangélica se conjugan para sobrellevar los avatares de cada día. Pero detrás de estos loables deseos están oscuros intereses de mafias, guerrilleros, paramilitares y delincuencia común.

Sin embargo esta ciudad representa para el pueblo wayuu, a ambos lados de la frontera, y parte del estado Zulia una tabla de salvación: en lo económico y comercial. Además es camino obligatorio para muchos turistas, comerciantes y mercancías. Generando un intenso movimiento fronterizo todos los días, durante casi todo el año.

Viviendo en Maicao, aunque sea por poco tiempo, se entiende la tragedia y alegría del colombiano y del guajiro también. Se comprende la dinámica que mueve la vida entera en esta parte de Suramérica. Se respira tranquilidad, a pesar de lo muchos problemas que aquejan a este pueblo. Posee lo mejor y lo peor de dos países y de varias culturas: es prácticamente un país diferente, pero estrechamente relacionado con la política, economía y sociedad de dicho países.

De tal forma que acercarse a este oasis en el desierto de la península de la Guajira es por mucho una suerte de aventura religiosa, filosófica y antropológica.

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