Con las recientes denuncias de trabajos forzados en dos empresas venezolanas, viene a la memoria miles de casos en el Mundo entero. Dónde millones de personas laboran sin sueldo o con una mínima remuneración. Y en condiciones deplorables. Hombres, mujeres y niños, con su esfuerzo, realizan todo tipo de manufacturas y convierten en millonarios a empresarios y políticos sin escrúpulos.
Lo más triste es que la sociedad ha permitido y sigue permitiendo que esto suceda. Desde trabajos forzados, prostitución hasta trabajo bajo engaños. Las personas, en su afán por tener trabajo y algo de dinero para subsistir, aceptan esas condiciones.
La esclavitud, igual que la prostitución, existe desde siempre. Nunca se va a eliminar, menos existiendo intereses y dinero de por medio. Pero, que positivo sería minimizar su acción y presencia en la humanidad ultra contemporánea.
La esclavitud, con grilletes o sin ellas, sin o con cadenas, debe ser atacada y controlada. Y las personas que sufran ese proceso humillante de trato deben recibir atención especializada, para que algún día superen las marcas dejadas externa e internamente.
viernes, 6 de diciembre de 2013
La esclavitud moderna
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