La vida es el bien más preciado para cualquier ser humano. Y por siempre ha formado parte de grandes e intensos debates. Además, es el eje central de las religiones del mundo. Y centro esencial de la sociedad, y por ende de la economía y la política.
Todas las áreas de estudio y de las profesiones trabajan en pro y por la vida. Es el derecho humano por excelencia. El más fundamental. Pero, entrado en el siglo XXI, se ha observado como para políticos, terroristas, ejércitos, religiones y para personas faltas de buena educación el valor de la misma se ha desvalorizado, e incluso llega a valer nada.
Cada día hay más crímenes perversos. Más atentados terroristas, más venganzas y más acciones políticas corruptas. Y más pueblos presos de un círculo vicioso que lleva al egoísmo y la traición. Traición a la misma vida. A su misma vida.
Y es poco lo que los organismos internacionales pueden hacer. Ya es un cáncer que se ha propagado por todo el mundo. Y del cual nadie se salva. Sólo el paulatino cambio de las personas. Una por una, podría abrir la puerta a un destino diferente a la destrucción total de la vida y del mundo como lo conocemos hoy día.
lunes, 30 de marzo de 2015
El valor de la vida
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